El Celta de Vigo ha mostrado una evolución positiva a lo largo de la temporada, consolidándose en la séptima posición de la tabla con 23 puntos gracias a un rendimiento que ha ido de menos a más. Aunque sus números como local no han sido especialmente sólidos, con dificultades para convertir empates en victorias, el equipo ha sabido compensarlo con una mejora clara en sus actuaciones recientes, logrando buenos resultados en las últimas jornadas. Esta progresión se explica en gran parte por una propuesta táctica ordenada y equilibrada, en la que la solidez defensiva ha sido clave para mantenerse competitivo, permitiendo pocos goles y mostrando capacidad para responder en partidos exigentes. El reciente empate sin goles refleja esa estabilidad atrás, mientras que el trabajo del cuerpo técnico ha sido determinante para darle identidad al equipo, fortalecer la confianza del plantel y mantenerlo en la pelea por posiciones destacadas dentro de la liga.
El FC Valencia atraviesa un momento delicado en la temporada, situándose en la decimoséptima posición con apenas 16 puntos, una realidad que refleja sus constantes dificultades para sostener resultados positivos, especialmente lejos de casa, donde aún no ha logrado sumar de a tres. Sus empates y derrotas como visitante evidencian la falta de contundencia en momentos clave, algo que volvió a quedar en manifiesto con el reciente empate ante el Mallorca, un resultado que sabe a poco dadas sus necesidades en la tabla. A lo largo del campeonato, el equipo ha mostrado problemas para encontrar un funcionamiento colectivo estable, con desajustes defensivos frecuentes y una producción ofensiva limitada, lo que se traduce en una diferencia de goles negativa. El cuerpo técnico continúa buscando soluciones tácticas que permitan mejorar el rendimiento general, ya que el Valencia necesita con urgencia mayor solidez atrás y más eficacia de cara al arco rival para alejarse de la zona de riesgo y evitar complicaciones mayores en la lucha por la permanencia.
